Pedro Aznar: El indispensable

Pedro Aznar

Bastaría con mencionar que formó parte del mítico grupo Seru Giran –junto a Charly García, que fue colaborador de Luis Alberto Spinetta y miembro de la banda de un inmortal del jazz: Pat Metheny. Este músico argentino es una pieza indispensable de la historia del rock argentino y mucho más. Su trayectoria es amplísima, variada e influyente.

Su discografía rebasa por mucho la treintena, este multiinstrumentista ha explorado con entera libertad el folklore latinoamericano, la música popular brasileña e incluso ha dirigido orquestas. Se trata del arreglista vocal de “Canción Animal” de Soda Estéreo y creador de los soundtracks de cintas como Hombre mirando al sudeste (1987) y Últimas imágenes del naufragio (1990), entre otras.

En 2012 reunió a 50 mil personas para escucharle en la Plaza Italia de Buenos Aires, también se ha presentado en la mismísima Plaza de Mayo y hace unos meses en el Festival de Viña del Mar. Con motivo de su próxima presentación (4 y 6 de noviembre en el Lunario del Auditorio Nacional), conversamos con un grande de verdad que en todo momento se mostró generoso y amable.

Recordamos también que el año pasado tuvo un concierto memorable como parte de la FIL de Guadalajara dedicada a su país. Hay músicos enormes que no se pavonean de su leyenda y siguen bancándose lo suyo con disciplina y talento.

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Eres una figura con una trayectoria amplísima dentro de la música hispanoamericana, con una cantidad enorme de discos, ¿qué secreto te falta aún por descubrir como músico?, ¿qué es lo que te mantiene relacionándote con el oficio y la disciplina día con día?

Lo que me mantiene relacionándome, día con día, es el entusiasmo, es la curiosidad; es el deseo de descubrir siempre algo nuevo y renovar mi vínculo con la música, que es muy profundo y que empezó, diría que desde antes que yo tuviera consciencia de que la música podía ser una profesión, digamos que desde muy pequeñito y sigue importándome tanto como el primer día.


En tu música hay distintas vertientes, por un lado esta esa veta rockera, pero también existe tu afán jazzístico y también tu amor por la música folklórica latinoamericana; en este momento de tu carrera, ¿cómo analizas esta unión entre los distintos géneros?, ¿crees que en realidad hay fronteras a nivel musical o más bien tienden a desaparecer?

Personalmente, creo que es bueno que los estilos musicales se fusionen y se fertilicen entre sí, pero también me parece saludable que tengan diferencias. Es bueno que exista esa diversidad, esa multiplicidad de voces y modalidades de hacer música y creo que al fusionarlas hay que ser consciente de lo que se hace. Hay que ser respetuoso, hay que tener buen gusto para combinarlas, porque no me parece que vaya a terminar en una gran sopa indiferenciada; eso sería trágico, que termináramos en una única música global que fuera una y única. Lo rico de todo esto es que permanezca esa diversidad.

¿De alguna manera te incomoda que seas quizá un músico difícil de clasificar para muchos medios periodísticos, para parte de la crítica?

No me incomoda. Entiendo esa necesidad de clasificar que existe; sirve un poco para poner las cosas en determinados lugares, pero resulta que lo que yo hago es un poco difícil de clasificar porque toca distintas vertientes y expresa mi identidad y mi individualidad, que se manifiestan de esa manera, eso es lo que yo hago. Algo que cruza fronteras y junta vertientes; eso es innegable, es lo que me sale espontáneamente y es auténtico.

Mucha gente te reconoce de manera unánime tus grandes dotes como ejecutante, como multiinstrumentista, por lo quería preguntarte: a través de los años, para ti, en lo estrictamente personal, ¿cómo ha sido tu desarrollo como cantante, como vocalista? ¿Cómo empezaste y hasta dónde has llegado?

Bueno, empecé cantando como mi principal herramienta musical: la voz es algo tan propio, es nuestro cuerpo expresándose, es un poco como la danza, el propio cuerpo es el que resuena, se manifiesta y no necesita de ninguna cosa externa. El cuerpo es su propio instrumento, esa es la maravilla de la voz, y después cuando empecé a tocar, a aprender a tocar instrumentos y eso, siento como que me enamoré de esa posibilidad, me dediqué mucho y muy profundamente a eso y por supuesto siempre seguí cantando, pero un poco para mí, en la intimidad, para los amigos.

Durante mis primeros años como músico, predominantemente fueron como instrumentista, pero después, al haber entrado al grupo de Pat Metheny fue definitorio, porque lo que yo hacía, si bien tocaba múltiples instrumentos, mi función principal, se podría decir que era la de cantante; en la cual caí un poco de manera sorprendente, porque no pensaba en mí mismo como un cantante en aquellas épocas, pero el hecho de que en el grupo se me diera ese lugar, fue como un empujón muy importante y definitorio, porque a partir de allí si me consideré un cantante, aunque en realidad lo fui toda la vida, pero necesitaba ese empujón de coraje y allí tomé la ruta y seguí para adelante. Cada vez me dediqué más fuertemente a cantar y se convirtió en el centro de lo que hago, más allá de los instrumentos que toco. Lo disfruto muchísimo, es de las cosas que más me gusta hacer, cantar.

Asumiste en algún momento de tu carrera un reto que muy pocos músicos podrían superar, que es haberte impuesto componer una canción en un solo día y terminarla; en ese sentido, háblame un poco de los retos de la composición, ¿cómo es que se da en ti esa gran habilidad para poder componer una canción en un solo día?

Fue una especie de juego, un desafío a mí mismo a modo de juego y a modo de darme un marco para el trabajo creativo. Creo fervientemente que los que hacemos trabajo creativo tenemos una suerte de inquietud constante, como una suerte de picazón de algo que te está llamando constantemente, y estamos todo el tiempo acumulando disparadores de lo que nos rodea, influencias, inspiraciones, pero muchas veces uno necesita darse un marco a uno mismo y sentarse y decir voy a componer una canción en Re Menor, por decir algo, o voy a componer una canción con un ritmo tal, o voy a escribir algo sobre el atardecer o voy a decir algo sobre esto que me está pasando en este momento.

Todas esas cosas son marcos, son contornos que uno le da a su creatividad para acotarla de alguna manera, para cerrar un poco las posibilidades; cuando todas las posibilidades están abiertas, es un poco asfixiante, a uno le muestran el océano y le dicen vamos a nadar, uno se asusta mucho, ahora si te ponen una piscina enfrente y te sueltan para nadar, uno se siente un poco más seguro; esto es un poco lo mismo, cuando uno tiene es marco de referencia, uno dice, ah bueno, si porque no, vamos a hacer una canción en re menor, entonces todo parece más fácil y abordable y abrazable.

El escribir una canción por día, de alguna forma fue eso también, darle un límite de tiempo, como si yo me pidiera a mí mismo, como si fuera un “comprador” de canciones y me dijera: necesito una cancón por día, como juego funcionó muy bien, realmente estuve muy conectado, fue también como un homenaje a mi labor de compositor y dedicarme a ella alegremente todos los días sin ninguna distracción y realmente funcionó muy bien y el disco que salió de ese juego creativo, es un disco titulado Ahora, que lancé hace 3 años y que es uno de mis favoritos, es tal vez mi disco más espontáneo.

Por otro lado, estaba repasando tu reciente actuación en Viña del Mar, que fue maravillosa, y no podría saltarme repasar esa versión de “Zona de promesas” de Gustavo Cerati, con la pantalla detrás de ti -en un dueto virtual-.

Fue tremendamente conmovedora; una experiencia muy conmocionante. Fue difícil mantener el foco en la música y no dispersarme, porque, por supuesto, a medida que iba transcurriendo la canción y viendo la emoción de toda la gente presente allí, que eran 15,000 personas en el estadio y más de 100 millones de personas viéndolo en todo el mundo, realmente era una cosa que se sentía como un maremoto encima, pero después cuando bajé del escenario y me mostraron inmediatamente en un teléfono sí que me desbordó la emoción; un momento verdaderamente inolvidable.


Has sido siempre un artista muy valiente, quería preguntarte acerca de la experiencia de Aznar a la carta, ofrecer 160 canciones para que la gente escogiera cuales ibas a presentar durante una serie de shows en Argentina, no cualquiera lo hace, ¿Cómo te pareció la experiencia y si en este momento lo volverías a intentar?

Fue muy hermoso, una experiencia buenísima. La gente eligió con muchísimo criterio, con muy buen tino las canciones; hubo muchos éxitos, muchos clásicos, pero también hubo canciones menos conocidas pero con mucha profundidad y el repertorio que se armó de todo eso, fue rico, variado, interesante, divertido de tocar. La gente hizo un gran trabajo con esa selección; me quedé muy contento, además noté que es un público que tiene un conocimiento muy grande y muy cariñoso de mi obra, realmente me sentí muy bien recibido. Por supuesto que lo volvería a hacer, tal vez dentro de algunos años más, pero fue una experiencia muy reveladora para mí, de esa mirada amorosa que el público tiene sobre mi trabajo.

Ya que hablabas de repertorio, ¿Cuáles son las canciones que has elegido para presentar acá en México?

Este año voy a ir a tocar solo, haré un espectáculo unipersonal, con el mismo formato del que hice en el teatro Roberto Cantoral hace dos años. Hay de todo en este show, repaso toda mi discografía pero hay momentos de Mil noches y un instante, que es mi último disco hasta la fecha, y también hay música nueva, voy a mostrar algunas canciones que compuse recientemente y que van a ser parte del disco que voy a lanzar en marzo del año próximo.

Juan Carlos Hidalgo
Juan Carlos Hidalgo (Nació en Tuzolandia mientras la década de los seises se apagaba). De los años sesenta tomó la inconformidad recalcitrante; de los ochenta, una pasión crónica por la música; de los noventa la vena literaria. Durante la década de los dosmil buscó la manera de hacer eclosionar todas sus filias. Es columnista de las revistas Tierra Adentro, Marvin y de Milenio Hidalgo. Ha publicado las novelas Rutas para entrar y salir del Nirvana y La vida sexual de P. J. Harvey. Edita la colección Rock para Leer y es miembro del Consejo editorial de Marvin. También colabora en Newsweek en español, Combo, Tierra Adentro e Indierocks. Es egresado de Comunicación de la Universidad Iberoamericana; diplomado en Cultura y Humanidades por la Universidad del Claustro de Sor Juana Inés de la Cruz.

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